martes, 6 de abril de 2010

SABER MIRAR...


¿ Se lee a Ángel Ganivet? Lo descubrí en mi adolescencia y me impactó su persistencia en morir, en irse, en no quedarse. Sus sueños granadinos, sus viajes y el norte helado de la memoria. Cada vez que he ido a Granada lo he recordado, no sabría explicarlo, pero aparecía.

" Era joven y muy simpática. Vestía como una señora, pero su tipo era más bien popular; era alta y delgada, pero no enjuta, pues tenía muy buena pechera, y la manga ajustada ( aún no había venido la funesta moda de las mangas en forma de jamón), acusaba unos molleros muy bien hechos. Llevaba un traje claro, sencillo, y una mantelilla roja, suelta sobre los hombros. Los ojos negros, un poco gruesecilla, y la boca fresca y risueña. Era bella y arrogante, pero lo más singular de su persona era el peinado, de raya partida; el cabello negro, ondulante, caía en dos pabellones, tapando casi las orejas, y luego se recogía por detrás en cordón para formar una especie de rodete de estilo bizantino, y del centro del rodete salía, a modo de plumero, un mechón de pelo rizado. Era un peinado original : transición del bizantino al griego, con añadiduras fantásticas, y un poco churriguerescas, pero que revelaban cierta independencia de carácter y gusto en aquella joven interesante "

Ángel Ganivet (1865-1898)


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